La desconfianza hacia los mensajes ecológicos está creciendo con fuerza entre los consumidores. Y los negocios que recurren a reclamos ambientales sin respaldo podrían situarse en el centro del problema. El Informe Global del Consumidor 2025, un estudio sobre hábitos de consumo, revela que los ciudadanos consideran que las sanciones contra el “ecopustureo” (greenwashing) deberían endurecerse.
Ese nivel de desconfianza afecta directamente a las pequeñas y medianas empresas que utilizan mensajes vinculados a la sostenibilidad como parte de su estrategia comercial. El estudio señala que uno de cada cuatro consumidores identifica la publicidad exagerada o engañosa como el principal signo del greenwashing.
La sostenibilidad influye cada vez más en las decisiones de compra, pero solo cuando las afirmaciones son percibidas como creíbles. En esta coyuntura, cualquier pequeño negocio que utilice expresiones vagas sin pruebas puede perder la confianza de sus clientes.
- Cada vez más clientes dejan de comprar a empresas con falsa publicidad ecológica
- La sostenibilidad influye en la compra, pero el precio y la confianza siguen pesando
- Los ciudadanos también presionan más a la Administración para que sea sostenible
- Cómo afecta todo esto a la comunicación de los pequeños negocios
Cada vez más clientes dejan de comprar a empresas con falsa publicidad ecológica
El Informe Global del Consumidor 2025 muestra que los consumidores europeos otorgan a las marcas entre cinco y seis puntos sobre diez en credibilidad en temas ambientales, una puntuación que indica un déficit generalizado de confianza
Esa falta de credibilidad afecta por igual a grandes compañías y a pequeños negocios, que pueden ver cuestionadas sus afirmaciones si no se basan en evidencias verificables.
Incluso marcas conocidas por su compromiso ambiental se arriesgan a sufrir dudas, lo que confirma que la exigencia pública se ha intensificado. Esta tendencia se vuelve especialmente relevante para los pequeños negocios que utilizan la sostenibilidad como argumento de venta, ya que sus recursos para gestionar crisis de reputación son más limitados.
El cuestionamiento a las marcas alcanza su punto más evidente con casos como el de Nestlé, percibida globalmente como la compañía más asociada al “ecopostureo”. La lectura para los pequeños negocios es evidente: los consumidores ya no distinguen por tamaño a la hora de penalizar prácticas que consideran engañosas.
La identificación del greenwashing por parte del consumidor se basa sobre todo en la presencia de mensajes exagerados o ambiguos. Esto obliga a las pymes a revisar expresiones genéricas como sostenible, ecológico o respetuoso con el medioambiente, cuando no puedan acreditar por qué lo son realmente.
La sostenibilidad influye en la compra, pero el precio y la confianza siguen pesando
Según el estudio, el 65% de los consumidores estaría dispuesto a modificar sus hábitos en función de las iniciativas medioambientales de una marca. Mercados como México, Brasil o Portugal lideran ese cambio, lo que muestra una tendencia global creciente que también afecta a España.

Aun así, el precio continúa siendo un factor decisivo para que esa intención se traduzca en compras, y en países como España o Italia menos de la mitad de los consumidores pagaría más por productos sostenibles. Esta disparidad obliga a las pymes a calibrar muy bien cómo comunican sus esfuerzos ambientales para no generar expectativas que luego no puedan cumplir.
En Francia o Alemania la disposición a pagar más también es moderada, lo que confirma que la sostenibilidad debe acompañarse de mensajes claros y verificables para que el consumidor la valore. Para los pequeños negocios, la clave está en evitar cualquier afirmación que no pueda justificarse con datos.
El informe muestra además que algunos mercados europeos, como el francés, exigen un nivel de evidencia mayor antes de confiar en el compromiso ecológico de las empresas. Este aumento de exigencia puede trasladarse progresivamente a los consumidores españoles.
Los ciudadanos también presionan más a la Administración para que sea sostenible
El estudio también analiza la percepción ciudadana sobre las políticas públicas en materia climática. En España, el 70% de los encuestados considera que el Gobierno no está haciendo lo suficiente para promover iniciativas de sostenibilidad.
Esa crítica no es exclusiva del mercado español, porque en Brasil y Portugal la cifra alcanza el 84% y en Italia llega al 80%. Esta presión social contribuye a que se endurezcan las expectativas hacia las marcas, y por extensión hacia los autónomos y pymes que comunican compromisos verdes.
En Francia el porcentaje es del 63%, lo que muestra una percepción algo menos crítica pero igualmente significativa. La tendencia general es de una elevada demanda de mayor transparencia y control tanto a las autoridades como a las empresas.
Para los pequeños negocios, esta situación puede anticipar un escenario donde se exijan mayores pruebas documentales sobre cualquier mensaje ambiental. El informe subraya que el consumidor pretende que la comunicación esté basada en hechos y no promesas.
Cómo afecta todo esto a la comunicación de los pequeños negocios
Los datos muestran que la sostenibilidad ya no puede utilizarse como un reclamo superficial. Las pymes deben revisar la precisión de los mensajes que emplean y asegurarse de que pueden acreditarlos.
El Informe Global del Consumidor 2025 confirma que cualquier inconsistencia puede deteriorar la relación de confianza con el cliente. La conclusión operativa para los pequeños negocios es que cuando no puedan demostrar un atributo sostenible, lo más prudente es evitar mencionarlo completamente.





