La Seguridad Social acaba de publicar una guía explicativa sobre las ventajas de demorar la jubilación, especialmente para los trabajadores por cuenta propia.
Esta opción puede traducirse en pensiones más elevadas para muchos autónomos. Aunque no siempre es viable en profesiones con alta exigencia física o condiciones laborales adversas, como ocurre en sectores como el transporte o la hostelería.
Como ya avanzó este medio, en abril de 2025 entraron en vigor los cambios introducidos por el Real Decreto-ley 11/2024, que estableció nuevos incentivos para quienes deciden prolongar su vida laboral más allá de la edad ordinaria de retiro.
Una de las principales novedades es la posibilidad de compatibilizar la jubilación demorada con la jubilación activa, permitiendo al autónomo trabajar y cobrar parte de su pensión simultáneamente.
Además, se introdujeron nuevas condiciones que permiten calcular incentivos incluso cuando el retraso en la jubilación no alcanza años completos. A partir del segundo año, los periodos de más de seis meses pueden generar incrementos adicionales en la pensión o en el pago único, según la opción escogida.
- ¿Qué beneficios pueden obtener los autónomos si retrasan su jubilación?
- ¿Cómo elegir el incentivo más adecuado para cada autónomo?
- ¿Qué es la jubilación activa y cómo pueden acceder a ella los autónomos?
- ¿En qué casos puede no convenir demorar la jubilación?
¿Qué beneficios pueden obtener los autónomos si retrasan su jubilación?
Demorar la jubilación puede traducirse en una pensión más alta para los autónomos.
Según detalla la guía explicativa publicada por la Seguridad Social, quienes decidan seguir trabajando una vez alcanzada la edad ordinaria de retiro pueden elegir entre tres tipos de incentivos:
- Un aumento del 4% en la pensión por cada año completo que se retrase la jubilación. Como novedad, desde el 1 de abril de 2025, a partir del segundo año de demora, también se puede computar el tiempo adicional entre seis meses y un año, aplicando un incremento del 2% sobre la pensión.
- Un cheque en pago único, cuya cuantía varía según la base reguladora y los años cotizados. Como novedad de la última reforma, desde el 1 de abril de 2025, y a partir del segundo año de demora de la jubilación, si hubiese un periodo superior a seis meses e inferior a un año, también se computará y se recibirá como cantidad a tanto alzado la mitad de lo correspondiente a un año.
- La combinación de ambas fórmulas, es decir, recibir parte del incentivo como cheque y parte como incremento mensual en la pensión.
Estos beneficios pueden aplicarse tanto si el autónomo retrasa la solicitud de la pensión como si accede a la jubilación activa, modalidad que permite continuar trabajando mientras se cobra parte de la pensión.

Sin embargo, este tipo de jubilación es incompatible con otras modalidades como la flexible o la anticipada.
¿Cómo elegir el incentivo más adecuado para cada autónomo?
La guía de la Seguridad Social detalla tres fórmulas de incentivo por demorar la jubilación, pero no establece cuál es mejor, ya que la elección dependerá de la trayectoria y necesidades de cada autónomo.
Opción 1: Aumento mensual en la pensión.
Quienes busquen una mejora sostenida en su pensión mensual pueden optar por el incremento del 4% por cada año completo de demora, que se aplicará de forma permanente.
Opción 2: Cheque en pago único.
Quienes hayan cotizado durante muchos años con bases elevadas pueden acceder a un pago único de mayor cuantía, lo que puede resultar conveniente si se prefiere disponer del importe de forma inmediata.
Opción 3: Combinación de ambas fórmulas.
Esta fórmula se calcula en función de los años que hayan transcurrido entre la edad ordinaria y la fecha real de jubilación:
Si se han cotizado entre 2 y 10 años completos, se toma la mitad de los años, redondeando hacia abajo. Por cada uno de esos años se aplica un 4% adicional a la pensión. Por los años restantes, se recibe una cantidad en forma de cheque.
Si se han cotizado más de 11 años completos, se percibe una cantidad a tanto alzado correspondiente a cinco años y un incremento del 4% por cada año adicional.
Ejemplos prácticos de cada una de las opciones
Un autónomo con 35 años cotizados y una pensión inicial prevista de 1.500 euros al mes decide retrasar su jubilación 2 años:
- Con la opción 1, su pensión se incrementaría en 120 euros al mes (un 4% por cada año de retraso).
- Con la opción 2, recibiría un pago único de 15.414 euros (7.707 euros por cada año de demora).
- Con la opción 3, recibiría un cheque de 7.707 euros y su pensión aumentaría 60 euros al mes (un 4% por el primer año y un pago único por el segundo).
¿Qué es la jubilación activa y cómo pueden acceder a ella los autónomos?
Esta fórmula permite compaginar actividad profesional e ingresos por pensión de forma simultánea. Posibilita a los autónomos seguir generando ingresos y mantener su actividad laboral con cierta flexibilidad.
Para acceder a esta modalidad es necesario haber alcanzado la edad ordinaria de retiro y tener derecho al 100% de la pensión.
Tras la reforma de abril de 2025, con la entrada en vigor del Real Decreto-ley 11/2024, esta modalidad puede compatibilizarse con los incentivos por demora.
Esto significa que un autónomo puede retrasar su jubilación, recibir un cheque en pago único, un aumento mensual en su pensión o ambos y, más adelante, acogerse a la jubilación activa para seguir trabajando sin renunciar a parte de la pensión.
Además, mientras se mantiene en activo, el trabajador por cuenta propia sigue cotizando, aunque sólo por contingencias profesionales e incapacidad temporal.
¿En qué casos puede no convenir demorar la jubilación?
Aunque demorar la jubilación puede suponer beneficios económicos, no siempre es la opción más adecuada para todos los autónomos.
En primer lugar, los trabajadores por cuenta propia que desempeñan actividades con alta exigencia física, como ocurre en sectores como el transporte, la hostelería o la construcción, pueden encontrar dificultades para prolongar su vida laboral más allá de la edad ordinaria.
También puede no ser recomendable en casos donde la salud se haya deteriorado o exista un diagnóstico que dificulte la continuidad del trabajo. En estos casos, podría ser más conveniente solicitar la jubilación ordinaria o explorar el acceso a la incapacidad permanente.
Además, quienes hayan cotizado con bases bajas o de forma discontinua pueden recibir incentivos limitados, lo que reduce la rentabilidad de demorar el retiro en relación al esfuerzo que supone seguir trabajando.





