En un mundo en el que el estrés al que está sometido el clima amenaza incluso la seguridad alimentaria, la científica Ana Isabel Caño-Delgado ha dado un paso al frente al fundar Planet Biotech, una startup que desarrolla soluciones innovadoras para que los cultivos sobrevivan a condiciones extremas. En una palabra: su tecnología ha sorprendido a los agricultores porque puede combatir, entre otros problemas ocasionados por los cambios climáticos, la sequía, el principal enemigo de la agricultura moderna.
No en vano, se estima que entre el 40% y el 60% de los cultivos a nivel mundial se pierden anualmente debido a la falta de riego, lo que representa unas pérdidas valoradas en alrededor de 35.000 millones de dólares.
“Nuestro concepto de negocio consiste en dar soluciones al problema más grave al que se enfrenta hoy la agricultura, la principal causa de pérdidas económicas y de producción de alimentos en el mundo”, explicó a este diario esta emprendedora. Si bien, a diferencia de otras soluciones en el mercado, su tecnología no se basa en modificaciones genéticas, “sino en moléculas que potencian la capacidad natural de las plantas para resistir el estrés ambiental.
El reto de ciertos emprendedores para convertir la ciencia en negocio
«Es un refuerzo para la planta, no una alteración de su genética”, aclaró Caño-Delgado para quienes ven en la biotecnología un problema para la seguridad y el sabor de los alimentos cultivados. “El sabor no varía. Es como cuando un paciente tiene dolor de cabeza y se toma un calmante: no le cambia el color de ojos, sólo le alivia el dolor», ejemplificó, antes de aclarar que la clave está en potenciar mecanismos naturales que ya tienen las plantas.
La trayectoria de Ana Isabel es un ejemplo perfecto de cómo la investigación científica puede transformarse en soluciones prácticas para problemas globales y, en este caso, mejorar la producción de cientos de miles de pequeños agricultores. Después de más de dos décadas dedicadas al estudio de cómo las plantas se adaptan a los cambios en el medioambiente, decidió llevar sus hallazgos del laboratorio al campo. Su mayor reto, reconoció, “ha sido convertir la ciencia en negocio, que tiene sus propias reglas”.
Planet Biotech nació a partir de un proyecto previo en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y contando con cierto respaldo de la Fundación La Caixa y de otro organismo como el Centro de Investigación en Agrigenómica (CRAG). La startup se ha centrado en diseñar una nueva manera de buscar moléculas que actúen como bioestimulantes para la agricultura para encontrar compuestos realmente eficaces contra la sequía que puedan hacerse llegar a los cultivos a través del propio riego.
La tecnología desarrollada por Planet Biotech se administra de forma sencilla: las moléculas se diluyen en el agua de riego, facilitando su aplicación en diversos cultivos. Un método accesible para los agricultores, que no conlleva mayor complicación. “Hay mucho escepticismo por parte por parte de la gente del campo, puesto que muchas de las soluciones que se les han vendido hasta la fecha no son tan efectivas como ellos pensaban”, indicó esta emprendedora.
Planet Biotech trabaja también para solucionar el aumento del calor y la salinidad del agua
“El problema de la sequía es muy complejo y no se puede solucionar de un de un plumazo”, explicó. “De ahí que nosotros, en vez de seguir por el camino trazado, hayamos añadido un aspecto diferencial con estas nuevas moléculas, que sí que actúan de manera más precisa y eficaz para dar mayor capacidad a las plantas de tolerar los estreses diferentes ambientales, y no solamente la sequía”.

Planet Biotech está trabajando también en el incremento del calor intenso o la salinidad del agua, “que también a causa muchas perdidas y dan muchos dolores de cabeza a los agricultores”. Por eso, el impacto potencial de esta tecnología puede ser realmente significativo en la producción de alimentos.
Emprender en el ámbito científico no ha sido una tarea sencilla para esta biotecnóloga. “Los científicos somos muy perfeccionistas y nos gustan las cosas hechas con mucho detalle. Burocráticamente hablando, no ha sido tarea sencilla, porque las instituciones no estaban preparadas para que una investigadora se pusiera a montar una empresa y quisiera compatibilizar su vida profesional como científica con la creación de una startup», reflexionó. Y es que, según ella, el sistema “aún no facilita la conversión de científicos en emprendedores”.
Además, se enfrentó a ciertos retos en la búsqueda de financiación y en la gestión empresarial. “Es complicado todo lo que tiene que ver con la industria para un científico, porque es otro mundo, otra manera de pensar, de actuar, de proceder”, admitió Caño-Delgado, para quien adaptarse al ritmo empresarial ha sido clave para avanzar. Su pasión y su compromiso la llevaron a formarse en áreas como administración y finanzas para liderar su negocio emergente. “El aprendizaje en gestión ha sido fundamental para el crecimiento del proyecto”.
El emprendimiento femenino sigue siendo minoritario en el sector científico
Más allá de la rentabilidad económica, Planet Biotech tiene un fuerte compromiso con la sostenibilidad y la responsabilidad social. “Estamos hablando de seguridad alimentaria, recuperación de los ecosistemas del suelo, de mantenimiento de ecosistemas agrarios. Contribuimos a muchos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible», destacó Ana Isabel. “El impacto de esta startup va más allá del sector agrícola”.
La empresa también se enorgullece de su liderazgo femenino. Pues, según comentó, “el emprendimiento femenino en ciencia sigue siendo minoritario”. Y el suyo es un negocio emergente fundado por mujeres, dado que Andrea Jordano, quien fuera miembro de su grupo inicial de investigación, cofundó, como socia minoritaria, Planet Biotech junto a ella. “Y eso tiene también valía desde el punto de vista del impacto, porque la verdad es que estamos bastante solas en muchos foros», comentó Caño-Delgado.
La startup se encuentra en una fase de crecimiento y consolidación. Aunque hasta ahora se han financiado adecuadamente, reconocen la necesidad de buscar inversores para escalar su tecnología. “Todavía no hemos ido a ninguna ronda, pero ya la estamos preparando. El objetivo de recaudar al menos un millón de euros. Porque registrar las patentes para comercializarlas es bastante costoso, y necesitamos concluir nuestros ensayos para demostrar la eficacia de las moléculas en el terreno para poder salir al mercado”, señaló aludiendo al siguiente paso.
En lenguaje de startups, Planet Biotech anda ahora “escalando el pipeline”. Es decir, ampliando y optimizando la producción de productos biotecnológicos, adaptando procedimientos desarrollados en laboratorio para su desarrollo a gran escala, y garantizando su eficiencia y rentabilidad. Una fase de escalado que es crítica para la expansión del negocio.
En todo caso, Ana Isabel Caño-Delgado se muestra optimista y comprometida con su misión. “Tengo un equipo extraordinario, y entre todos estamos construyendo algo que podría cambiar el futuro de la agricultura. El impacto apenas está comenzando», concluyó.





