España vuelve a colocarse en el lamentable podio europeo de la economía sumergida. Según un reciente estudio elaborado por los economistas Kenneth Rogoff (Universidad de Harvard) y Francesco Pappadà (Universidad Ca’ Foscari de Venecia), algo más del 24% del Producto Interior Bruto (PIB) español escapa al control fiscal, lo que nos convierte en el tercer país de la UE con mayor volumen de actividad económica oculta, solo por detrás de Grecia (36%) e Italia (31%).

El informe, publicado por el prestigioso National Bureau of Economic Research (NBER), pone cifras precisas a una realidad que afecta de lleno a autónomos y pequeños negocios que cumplen fielmente con sus responsabilidades fiscales y compiten en desigualdad con los que no lo hacen.

Pero, los expertos apuntan que detrás de este fenómeno no sólo hay fraude deliberado, sino también una paradoja que se reproduce cada día en el tejido económico español: muchos operan al margen no por codicia, sino por cómo está diseñado el propio sistema fiscal. Los tipos impositivos rígidos, la burocracia y cada vez más normas fiscales difíciles de cumplir que penalizan el crecimiento del tejido productivo.

Fernando Manzanera, profesor de Gestión Emprendedora y Fiscalidad del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB), alertó a este diario de que este fenómeno “no se puede explicar únicamente desde la voluntad de defraudar. Puesto que hay pymes y empresas que están atrapados en una estructura normativa que los margina del sistema formal”.

La economía sumergida no es estática: aumenta en tiempos de recesión y disminuye con el crecimiento económico

El trabajo de Rogoff y Pappadà introduce una nueva metodología para medir la economía sumergida, basada en el cruce de datos reales de consumo e ingresos por IVA, lo que les permite detectar con precisión las diferencias entre países y la evolución de estas actividades a lo largo del tiempo. Su métrica, llamada curiosamente EVADE (por sus siglas en inglés: Evading Value Added Duty Economy), muestra que la economía sumergida no es estática, sino que aumenta en tiempos de recesión y disminuye durante los períodos de crecimiento económico.

A esta relación inversa con el ciclo económico la han bautizado como “Efecto Hugo”, en referencia al fragmento de Los Miserables donde Victor Hugo afirmaba que cuando el país sufre, el contribuyente deja de pagar.

Los autores constatan que, en el caso español, el peso de la economía informal se mantiene en un rango elevado desde hace décadas, con oscilaciones que se intensifican en épocas de crisis. La media registrada para España en el período 1999-2020 es del 24%, con una desviación significativa que muestra picos del 27% en años de mayor dificultad. En comparación, países como Francia o Alemania apenas alcanzan el 14% y 13% del PIB respectivamente.

Según el experto del IEB, “la fiscalidad española está diseñada para empresas con contabilidad robusta, no para alguien que trabaja solo o tiene una actividad muy volátil”. Y añadió que “si los costes de cumplir con la norma son más altos que los ingresos de ciertos meses, es comprensible que algunos pequeños negocios opten por operar parcialmente ‘en negro’”.

Los autónomos que tributan sufren una carga mayor porque otros compiten con ellos si esos costes

El informe del NBER revela también que las economías más expuestas a la economía sumergida tienden a sufrir mayor volatilidad macroeconómica, más dificultad para sostener las cuentas públicas y un aumento en el coste de la deuda soberana. El documento correlaciona la informalidad con déficits estructurales y menor capacidad recaudatoria, lo que al final se traduce en mayor presión para quienes sí cumplen. En otras palabras, y según los expertos, los autónomos que tributan de forma íntegra soportan una carga mayor porque otros operan fuera del radar fiscal.

Precisamente Javier Cuervo, profesor del Grado de ADE en UNIE Universidad, lo resumió así: “El sistema fiscal español penaliza el crecimiento del autónomo. Un ejemplo claro es el régimen de módulos: al alcanzar cierto volumen de facturación, el salto a estimación directa implica más impuestos y más burocracia”. Según explicó a este diario, esto lleva a muchos profesionales a frenar su actividad, aplazar trabajos o directamente operar parte del año en negro. Además, recordó que “las cuotas fijas y elevadas, sin tener en cuenta ingresos reales, convierten a la economía sumergida en una válvula de escape para no cerrar el negocio”.

Los autónomos que tributan de forma íntegra sufren una carga mayor porque otros operan fuera del radar fiscal
Los autónomos que tributan de forma íntegra sufren una carga mayor porque otros operan fuera del radar fiscal.

El fenómeno de “quedarse por debajo del umbral” para no salir del régimen de módulos no es nuevo, pero sigue de plena vigencia. De hecho, algunos autónomos ajustan su actividad a final de año para no rebasar los límites de facturación que los obligarían a declarar por estimación directa. Javier Cuervo consideró que “la clave es hacer más fácil y rentable estar dentro del sistema”. En su opinión, hay margen para simplificar la fiscalidad, adaptar las cuotas a los ingresos reales y ofrecer vías de regularización sin castigo.

El tamaño de la economía sumergida está íntimamente relacionado con la forma en que se recauda el IVA

El análisis del NBER también muestra que el tamaño de la economía sumergida está íntimamente relacionado con la forma en que se recauda el IVA. Mientras que países como Suecia, Irlanda o Bélgica apenas presentan tasas de informalidad superiores al 10%, en los países mediterráneos como España o Portugal la evasión del IVA se dispara. La causa, según el informe, se encuentra en una combinación de controles débiles, incentivos mal diseñados y un menor uso de medios electrónicos de pago. El trabajo confirma que la informalidad cae en aquellos países donde se fomenta el uso de tarjeta, se digitalizan los pagos y se simplifican las declaraciones fiscales.

Para Fernando Manzanera, “España arrastra una cultura de informalidad que ha sido tolerada durante años, y revertirla requiere más que sanciones: hace falta una transformación profunda del entorno fiscal y administrativo”. Entre las medidas que podrían ayudar, el experto del IEB menciona “una reducción progresiva de las cuotas para los nuevos autónomos, sistemas de tributación adaptados a ingresos variables y un mayor esfuerzo educativo para enseñar a los pequeños negocios a manejar herramientas digitales”.

Javier Cuervo coincide en que la digitalización es un aliado para reducir la economía sumergida, pero advierte que, sin formación ni ayudas para implantar tecnología, muchos autónomos seguirán recurriendo al efectivo. “Si cumplir deja de ser un castigo, muchos lo harán por iniciativa propia. Es más eficaz incentivar que perseguir”, aseguró.

El estudio del NBER también establece una correlación directa entre informalidad y desempleo. Cuanto más alta es la tasa de paro, mayor es el volumen de economía sumergida. Durante las crisis, aumenta el número de trabajadores que aceptan empleos no declarados, como forma de obtener ingresos rápidos. En esos contextos, el pequeño negocio puede convertirse en un refugio precario, con empleados sin contrato y ventas sin factura, como única forma de sostenerse.

Parte del problema radica en la percepción de que cumplir con el Fisco no conlleva beneficios

Muchos pequeños negocios no acceden a financiación, no participan en concursos públicos ni se benefician de ayudas porque el proceso es demasiado complejo o inaccesible. Esto refuerza el círculo vicioso: cuanto menos se percibe el retorno de pagar impuestos, más tentador es operar fuera del sistema.

España sigue siendo, a ojos del estudio, uno de los países con mayor potencial de mejora. La economía informal representa más del doble del promedio de los países desarrollados, que se sitúa en el 17,4% del PIB. En el entorno europeo, solo Grecia e Italia superan a España, aunque Portugal comparte la misma proporción del 24%. Frente a estos datos, países como Bélgica (5%), Suecia (6%) o Alemania (13%) se sitúan muy por debajo.

Lo malo es que la brecha no sólo es de cifras, sino también de modelo. “Los países con menos economía sumergida tienden a tener normativas simples, bajos costes para los pequeños negocios y un entorno digitalizado”, explicó Javier Cuervo. Según el profesor de UNIE, también fomentan los pagos electrónicos y premian a los consumidores que piden factura, lo que genera confianza y facilita que cualquiera pueda emprender legalmente sin sentirse penalizado.

Para Fernando Manzanera, la solución pasa por reconocer que la economía sumergida no se combate sólo desde Hacienda, sino también desde el diseño de un sistema fiscal más humano y flexible, que entienda las realidades económicas de los pequeños negocios. “Mientras eso no ocurra, muchos autónomos seguirán jugando al límite de lo legal, no porque quieran defraudar, sino porque no tienen otra salida”, concluyó.